
A cuarenta años de que Dios nos permitió nacer como Iglesia, podemos identificarnos plenamente con los apóstoles, cuando al compartir la Palabra de Dios en Jerusalén quisieron intimidarlos los lideres religiosos de su tiempo, para que en ninguna manera hablaran ni enseñaran en el Nombre de Jesús. La respuesta de ellos fue simple y categórica: “Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.” (Hechos 4:20) Nosotros pensamos exactamente lo mismo. Nosotros tampoco podemos permanecer callados, porque hacerlo así, estaríamos negando la poderosa Obra de Dios en todos estos años en medio de nosotros.
Ver lo que Dios ha hecho en nosotros nos llena, entre otras cosas de asombro, ver la vida de miles de personas que a lo largo de todos estos años han sido tocadas y transformadas por el poder de Dios. Nos llena también de gratitud, ya que no queremos parecernos a aquellos diez leprosos que habiendo sido sanados por Jesús, sólo uno regreso para darle la gloria a Dios. Nos llena también de humildad, ya que conociendo nuestras múltiples debilidades, aún así, podemos ver su amor a pesar de nosotros.
Nos llena de alabanza. Es por eso que hemos preparado con todo nuestro amor y dedicación estos cultos de adoración para rendirle honor y gloria al que vive por los siglos de los siglos. Ver lo que Dios ha hecho también nos llena de esperanza. Si Dios ha sido tan fiel con nosotros en estos 40 años, seguros estamos que lo seguirá siendo. Es por eso que podemos retomar con confianza la Visión 2030 y con ánimo renovado decirle al Señor personalmente: “Heme aquí, envíame a mi”.
Los desafíos que tenemos por delante requieren una completa dependencia de él.Necesitamos permanecer conectados a la fuente de poder para ser usados por su gracia y poder.
Así que, PIB Satélite, la tarea recién comienza. Estos cuarenta años nos han servido para calentar motores ya que los verdaderos retos están delante de nosotros. Redoblemos nuestro compromiso con Dios y al igual que los apóstoles del primer siglo jamás callemos lo que hemos visto y oído.
¡Feliz Aniversario 40!
En el inalterable amor de Cristo Jesús,
Pastor Luis Gabriel César Isunza